El móvil de 800 años que nunca existió

Babylonokia, escultura de barro con forma de móvil y signos cuneiformes

El móvil de 800 años que nunca existió

De vez en cuando una fotografía da la vuelta al mundo y nadie se detiene a comprobarla. Es lo que ocurrió con el famoso móvil de 800 años: un objeto de barro, con teclas y pantalla, supuestamente desenterrado en Austria. La historia era buena. Solo tenía un problema: era falsa.

Cómo empezó todo

Según la noticia, unos arqueólogos excavaban en Fuschl am See, en la región de Salzburgo, cuando encontraron en la arcilla algo imposible: un objeto con la forma exacta de un teléfono móvil. Tenía teclas, tenía pantalla. Y en las teclas, en lugar de números, había signos de escritura cuneiforme sumeria.

El texto llegó a la prensa, saltó a YouTube y de ahí a medio mundo. Se habló de viajes en el tiempo, de visitantes de otros planetas, de civilizaciones perdidas.

La verdad: una obra de arte de 2012

El objeto existe, pero nadie lo excavó. Es una escultura de barro del artista alemán Karl Weingärtner, creada en 2012. Se titula Babylonokia, y el nombre ya lo dice todo: Babilonia y Nokia en una sola palabra.

Weingärtner quiso mostrar cómo ha viajado la información desde las tablillas de arcilla de Mesopotamia hasta el teléfono que llevamos en el bolsillo. Cinco mil años de comunicación humana en un solo objeto. Nunca ocultó nada: la obra estaba firmada y expuesta.

Dos semanas después de que la noticia se hiciera viral, alguien buscó el origen de la fotografía. Y ahí se acabó el misterio.

Las grietas que nadie miró

Lo más curioso del móvil de 800 años es que la propia noticia se desmentía sola. Bastaba leerla con calma:

Hablaba del siglo XIII, es decir, hace unos 800 años. Pero decía a la vez que la escritura cuneiforme se usó hace 5.000 años. Las dos cosas no pueden ser ciertas al mismo tiempo.

Sumeria estaba a miles de kilómetros de Austria, y el propio texto lo reconocía, sin sacar ninguna conclusión de ello.

La fuente no era ningún instituto ni ninguna universidad, sino una web de curiosidades que citaba a otra web de curiosidades.

Por qué creemos estas historias

No es cuestión de ser ingenuo. Es que el ojo va más rápido que la razón. Vemos una forma conocida —un teléfono— y el cerebro rellena el resto antes de que nos dé tiempo a pensar. La fotografía lo enseñaba todo, y a la vez no demostraba nada.

Además, la historia era mucho más bonita que la realidad. Un teléfono de hace 800 años abre puertas a lo imposible. Una escultura de 2012 solo abre la puerta de un taller.

Cómo reconocer una historia así

Con tres preguntas basta casi siempre:

¿Quién lo dice? Si no aparece ni un museo, ni una universidad, ni el nombre de un investigador, hay que desconfiar.

¿Se contradice el texto a sí mismo? Las fechas y los lugares son lo primero que falla en las historias inventadas.

¿De dónde sale la foto? Una búsqueda de imagen inversa resuelve la mitad de los casos en menos de un minuto.

Lo que sí es verdad

La ironía es que Babylonokia dice algo más profundo que la mentira que se contó sobre ella. Durante miles de años escribimos sobre barro; hoy escribimos sobre cristal. Cambia el material, no la necesidad.

Y esa sí es una historia real, y no hace falta inventarla, porque, el propio Weingärtner subió la fotografía de su obra a Wikipedia con licencia libre. Nunca escondió nada: quien quisiera comprobarlo, podía hacerlo en un minuto.

Babylonokia, escultura de barro con forma de móvil y signos cuneiformes

Babylonokia (2012), obra de Karl Weingärtner. Foto: el propio autor (CC BY-SA 4.0)

 

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