La historia que solemos aprender tiene un hueco enorme: le falta la mitad. Junto a cada nombre de hombre que ha llegado hasta nosotros, hubo mujeres que pensaron, escribieron, curaron, calcularon y gobernaron. Las grandes mujeres de nuestra civilización no hicieron menos que ellos; simplemente, casi nadie se molestó en anotar sus nombres. Esta serie nace para devolvérselos.
Una historia a la que le falta la mitad
Durante siglos, el saber se escribió sobre todo en masculino. No porque las mujeres estuvieran ausentes, sino porque quedaban fuera del relato: sus hallazgos se atribuían a un marido, a un hermano o a un maestro, y sus obras circulaban sin firma. Leer el pasado entero, con esa parte que casi siempre se dejó en el margen, no es reescribirlo: es por fin verlo completo.
Nadie inventa a las grandes mujeres: ya estaban ahí
Estaban al frente de un templo, de un laboratorio o de un aula: Enheduanna en la antigua Mesopotamia, Hipatia en Alejandría, Hildegarda de Bingen en plena Edad Media, Ada Lovelace y Marie Curie ya en los umbrales del mundo moderno. No son excepciones curiosas, sino piezas que faltaban en el cuadro. Cada una de estas mujeres, desde la Antigüedad hasta hoy, tendrá aquí su propia entrada.
Un recorrido para devolver los nombres
Con esta entrada empieza un recorrido cronológico por nuestra era, siglo a siglo, sin olvidar las raíces mucho más antiguas de las que todo nace. Cada entrega se detendrá en una mujer: en lo que descubrió, en lo que le costó y en las ideas con las que empujó el mundo hacia adelante. En el fondo, es una manera sencilla de hacer justicia: nombrar, al fin, a quienes siempre estuvieron y pocas veces se contaron.
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